Expectativa por la "máquina de Dios", que arranca hoy
Comienza en Suiza el mayor experimento de la historia
Por Nora Bär
Enviada especial
GINEBRA, Suiza.? En el aeropuerto, los pasajeros que hacen cola para abordar su vuelo hablan sobre eso. En el ómnibus que los trae de regreso de la escuela, los chicos también lo hacen, al igual que los empleados de hotel, los vendedores y los mozos. Y muchos jóvenes con aspecto de intelectuales desaliñados que discuten en el "tram" (el tren eléctrico que se desplaza sin ruido por las calles céntricas)... ¡también hablan de eso!
Sin duda, en esta pequeña ciudad suiza de aproximadamente 15 kilómetros cuadrados y 190.000 habitantes, el tema de conversación ineludible es el disparo de largada que hoy pondrá en marcha "la máquina de Dios", como los físicos llaman al acelerador de partículas más poderoso de la historia. Entre otras razones, porque las dimensiones difíciles de imaginar del instrumento científico más complejo que se haya diseñado, de 27 kilómetros de circunferencia, estimulan todo tipo de fantasías.
Por ejemplo, la que llevó a demandar a los responsables porque se pensó que podría provocar un agujero negro capaz de engullir no sólo los terrenos del Centro Europeo de Física de Partículas (CERN), ubicado a unos 40 minutos del centro de la ciudad, sino el planeta entero.
Para despejar cualquier duda, acaba de publicarse en el Journal of Physics G: Nuclear and Particle Physics, un trabajo científico que demuestra que nada de eso es posible y que el acelerador es seguro. Es más: a pesar de que la expectativa por la puesta en marcha del Large Hadron Collider (LHC) excedió todo lo previsto, el ambiente en esta catedral de la física estaba hasta anoche increíblemente tranquilo. El viernes concluyeron las últimas pruebas previas al lanzamiento del primer haz de protones a lo largo de este gigantesco anillo de 27 km de circunferencia, que atraviesa la frontera suizo-francesa enterrado a un centenar de metros de profundidad, y todo funcionó a la perfección.
El teléfono de María Teresa Dova, la física de la Universidad de La Plata que encabeza el grupo argentino que participa en esta colaboración de casi 2000 científicos de todos los continentes, no deja de sonar. Junto con Ricardo Piegaia, dirigen a seis estudiantes de doctorado de las universidades de La Plata y Buenos Aires. Como uno de los encargados de hacer la presentación en "el globo", enorme estructura esférica ubicada en los terrenos del CERN que albergará hasta las seis de la tarde a más de quinientos periodistas acreditados, Dova está en la primera línea de los acontecimientos.
"Opté por apagarlo, porque hay mil cosas que hacer", afirma.
La "máquina de Dios", apodada así porque recreará condiciones similares a las que habrían existido unos instantes después del Big Bang, es un instrumento sin precedente por su precisión, su complejidad y su escala. Basta mencionar que cuando el largo túnel circular terminó de excavarse entre el lago de Ginebra y por debajo de las montañas del Jura, los dos extremos se encontraron ¡a un centímetro de distancia!
Con una temperatura de apenas unas décimas sobre el cero absoluto para que funcionen sus imanes superconductores, el LHC será -afirman- más frío que el espacio exterior. A toda máquina, cada uno de los dos haces de protones que circularán por sus tubos tendrá una energía total equivalente a un tren de 400 toneladas (como el TGV francés) a 200 km/h, suficiente como para fundir 500 kg de cobre, y se desplazará al 0,9999999% de la velocidad de la luz o hasta mil millones de kilómetros por hora.
Y eso es sólo el acelerador. Cuatro detectores gigantes diseñados para contestar preguntas que pueden cambiar la historia de la física están "abrazados" a él a unos kilómetros de distancia. El Atlas, donde trabajan los científicos argentinos, es uno de los dos principales y tomará 90 millones de mediciones 600 millones de veces por segundo.
Entre todos permitirán completar o refutar las teorías actualmente aceptadas acerca del universo y de la estructura de la materia. Una de las preguntas que dejan perplejos a los físicos es por qué las partículas elementales (como los electrones o los protones) tienen masa y por qué esas masas son diferentes.
"El modelo estándar describe de una manera increíble a la naturaleza -explica Dova-, pero en esta teoría todas esas partículas tienen masa cero. ¿Cuál es el mecanismo por el que la adquieren? Una de las hipótesis plantea que podría ser porque interactúan con algo llamado el campo de Higgs. Para entenderlo hay que imaginar un campo que llena todo el espacio, indistinguible del vacío. La idea es que, al pasar por él, las partículas que interactúan mucho adquieren mucha masa y las que interactúan poco, poca; y si no interactúan, tienen masa cero. La excitación de este campo de Higgs sería el bosón del mismo nombre. Si existe, el Atlas lo va a detectar."
Otra de las vedettes que podrían hacer su debut en el LHC es la "supersimetría", que plantea que por cada partícula conocida hay una compañera supersimétrica y permitiría explicar por qué toda la materia que vemos en el universo es sólo un 4% de la masa total (el resto correspondería a la materia oscura y la energía oscura).
En todo caso, esto es sólo el comienzo. Para alcanzar las energías que permitan hacer estos descubrimientos se necesitará algún tiempo. "Este es un experimento para los próximos quince años", aclara su director, Peter Jeni. El espectáculo está por comenzar.
Los científicos del CERN, en el centro de control del LHC Foto:
La doctora María Dova (izquierda) y el equipo argentino en el CERN Foto:Nora Bär
El Gran Colisionador de Hadrones, en Ginebra, es una de las piezas clave del mayor acelerador de particulas Foto:

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